“El presente texto analiza brevemente las implicaciones políticas del juicio estético como punto de reflexión y transformación social. Ahonda en la problemática actual y retos futuros que tendrá el nuevo organismo que sustituirá al FONCA. El autor presenta dos propuestas concretas de apoyo a los creadores y, finaliza, meditando en la importancia que tiene el juicio estético cuando es emanado desde una cimiente autónoma, en este caso las capas social más desprotegidas en México, tomando como ejemplo un momento histórico sindical con la finalidad de replantear a la cultura como un derecho humano para todos y no solamente para un segmento privilegiado de la población”.

Primera parte

Se preguntaran seguramente por qué abordo el tema de la desaparición en México del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en esta serie narrativa. Porque pienso que

el tema es realmente paradigmático y, añadido a los acontecimientos mundiales que estamos viviendo, me resulta conveniente reflexionar en ello como una suerte de análisis micro que nos puede ayudar a comprender estructuras más amplias de nuestro entorno. Particularmente asumo que mucho de lo que depende el tema gira en torno a la episteme, dicho esto desde el punto de vista Foucaultiano  y sus implicaciones con el juicio estético.

 

La desaparición del FONCA, dice el Estado mexicano, lo mandata debido a que era un fideicomiso sin estructura y sin base jurídica fiable, lo que hacían de él una entidad propensa a la opacidad y a la corrupción. Una mayoría de los que están en contra de su desaparición aducen que, es una decisión vengativa y llena de odio por parte del gobierno en turno y determinan, que de llegar a ser parte de la secretaría de cultura, correrá el riesgo de burocratizarse, perder su `independencia´ y, con ello, convertirse en una herramienta de control –­cual plan soviético echó mano del realismo socialista– al ver cancelar o aislar del menú de becas y apoyos a creadores que no estén acorde con la 4T o hayan sido cercanos a la desaparecida estructura. 

 

Antes de avanzar, pido me den un momento para plantear brevemente lo que para Foucault es el concepto de episteme el cual desarrolla en su libro “Las palabras y las cosas”, pues siento que nos servirá para comprender con más claridad lo que expondré más adelante. 

Para Foucault el concepto episteme es una esfera de saber relacionada con una relativa “verdad” impuesta desde un poder, ya sea este económico, político, comercial, religiosos, etc., dentro de un periodo de tiempo determinado. Lo que nos lleva a vislumbrar que nuestra comprensión, noción o entendimiento de las cosas inconmensurablemente tendrán una carga ideológica impuesta por uno o varios poderes, lo que nos conducirá a determinar (ahormar) nuestros juicios estéticos con respecto a algo o a alguien (me gusta o no me gusta) dentro de una época determinada. Para acabar pronto, nuestro juicio estético esta directamente determinado, o, dice Foucault, impuesto por uno o varios entes de poder, por lo que debemos observar objetivamente, ante lo anterior, la forma en la que se encuentran configurados esos poderes en el panorama político, económico, comercial, religiosos, de pensamiento, etc., a escala nacional e internacional.

 

En suma, las dos posturas se definen y se oponen, fijando su crítica o alegato en la especulación en torno a como se debe o deberá enjuiciar de hoy en adelante los productos culturales en la próxima nueva entidad, más aún cuando esta precisamente justifica su existencia en la instrumentación argumentativa ––juicio estético–, basado, en el mejor de los casos, en tendencias de pensamiento, estilo, fundamento teórico o gusto sin más. 

 

En una entrevistas realizada por Jenaro Villamil a la secretaría de cultura Alejandra Frausto, la funcionaría comento: “cuando llegué al puesto era un grupo muy reducido de especialistas (jurados), al que recurría el FONCA para seleccionar a sus becados”, continuando la secretaria contrastando que: “cuando el gobierno actual tomo las riendas, esto cambio, pues el equipo especialista se amplio de ser unos cientos a miles y, de varias partes de la república”. Si lo anterior es cierto habría que reconocerlo, pero mucho me temo que no servirá de alivio a la problemática real que enfrento y va a seguir enfrentando la futura entidad. Pienso que aún con el espectro de jurados ampliado seguirá existiendo el riesgo de marginar a una capa de la población que pertenece a sectores de cultura –llamémosle contra-cíclicos– que no se equiparan, no tiene representación o tienen un menor porcentaje de probabilidad de entrar en el rango de gusto de este espectro dictaminador. 

 

En líneas anteriores advertía de la importancia de observar la forma en la que se encuentra configurada esa esfera de saber (episteme), que rigen los diferentes poderes en el panorama social a escala nacional e internacional y, aunque esto no es nuevo –pues ha sido una constante lucha en la historia de la humanidad–, hace ya varias décadas que las corporaciones de poder han inclinado la balanza de la configuración social de la esfera de saberes a su favor, a tal grado de convertirnos en los voceros más acabados de sus imposiciones al tiempo que nos creemos soberanos y libres en el ejercicio ordinario y profesional de nuestros juicios y, en tanto nos involucraban en ello, el desmembramiento ideológico y cultural de entes, instituciones, sindicatos, centro de investigación y organismos –opuestos y en resistencia– anunciaban su sistemática destrucción hasta verlos prácticamente desaparecidos. Hecho lamentable, pues las entidades antagónicas a estos poderes mercantiles, contrastaban ideas, disponían pluralidad, configuraban representaciones democráticas más eficaces y, ello, alimentaba otros horizontes posibles en la esfera del saber, derivando en la elaboración de argumentos que, de una u otra forma, influían en las creencias, conocimiento, como en los juicios de valor estético en un significativo y ahora olvidado sector social: la clase trabajadora, empleada e independiente y, dentro de esta multitud, a los personajes que regularmente despuntan sin importar el sector social a que pertenezcan; los creadores y pensadores (jurados).

 

Ante este breve bosquejo del panorama estético, debemos aceptar que las tendencias selectiva seguirán siendo las misma que conocemos, en tanto no se logre un equilibrio de poderes 

–diversos en cuanto a su pensamiento– en la configuración del cuerpo social. Misma problemática que se configura de pronóstico reservado en el raso terreno político de la era pos-pandemia. 

 

 

 

 

 

 

Segunda parte.

 

11 de julio de 1936, Villa Juárez, Tamaulipas, México*. 

Enrique Calderón, asesor jurídico del presidente Lázaro Cárdenas del Río sale de un despacho directo a atender a los dirigentes del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), los que días antes habían emplazado a huelga a la empresa por no querer reconocer su contrato colectivo de trabajo. Cerca de la fecha límite del emplazamiento decidieron trasladarse al norte de la república mexicana –donde se encontraba de gira el presidente–  con el fin de escuchar su postura ante el conflicto laboral que se avecinaba.  

 

               –Hola, buenas noches –extendió su brazo el asesor jurídico de la presidencia a los electricistas para saludar uno a uno de mano. –Disculpen pero estaba precisamente en una reunión con el presidente de la república y con el secretario del departamento del trabajo–.

 

apenas finalizando los animosos saludos de mano y de palabra, como si fuera viejo amigo de los electricistas, el asesor del gobierno cardenista lanzo de súbito y con tono de extrañeza una pregunta relacionada con el tema que los tenía allí.  

 

                    –¿Por qué ir a un movimiento de huelga ahora que existe un gobierno obrerista, cosa que no habían hecho en el pasado cuando regía al país gobiernos divergentes al del general Lázaro Cárdenas? 

 

Enrique Calderón, hace no más de quince días de esa reunión, había formado parte del equipo de abogados que asesoraba al SME en todo lo concerniente al movimiento de huelga que los tenía reunidos ahí.  

 

           –Precisamente cuando los trabajadores contamos con el respeto de nuestros derechos constitucionales es cuando mejor los podemos ejercer ­ –respondió Francisco Breña Alvírez, líder del SME.

            ­        –¡Pero!... 

 

                   –¡Permítame abogado aún no termino! –le increpo el líder electricista Breña Alvírez alzando el brazo con la palma en señal de alto y sosteniendo la mirada al asesor del gobierno con la intensión de disipar cualquier confusión por revivir complicidades pasadas.

                  –Justamente en estos momentos en Francia y en España, que presiden gobiernos de Frente Popular de `izquierda´, se han registrado el mayor número de huelgas de la que se tenga noticia –atajo el líder de la huelga electricista al abogado del gobierno Enrique Calderón.  

 

Hoy mismo estamos bajo el mando de un gobierno que se precia de ser de izquierdas y, existen las demandas legitimas de varios sectores de la población que ven en ellos –o veían en ellos– una solución a sus problemas. Es cuando se debe pugnar por más garantías. Como en su momento los electricistas de 1936 refutaron al asesor del gobierno cardenista y, al mismo Cárdenas al decidir ir a la disputa de sus derechos como trabajadores, hoy mismo debemos estar refutando y luchando para que el panorama político-social –del cual hablo en los capítulos anteriores–, obtenga una reconfiguración más equilibrada, no solo en el sector económico y político, sino, de forma más trascendente, en el sector cultural. No dejando que la balanza se siga inclinando a favor de los mismos sectores. La 4T (como le gusta auto nombrarse), no solamente debe ejercer como arbitro en estos momentos críticos, sino, como ostentan sus siglas, asumir el momento propicio que se esta viviendo para impulsar esa transformación de la cual hablan, y esta no puede darse si no pasa necesariamente por ideas que den estructura a un proyecto estético de gran calado, que dé certidumbre y basamento subjetivo a sus argumentos a esgrimir en cualquier rubro de la actividad pública presente y futura, la que se asimilara y propagará más adelante como juicios de valor estético al servicio de sus necesidades. Con ello nos estoy hablando de llevarlo al terreno ideológico o dogmático, si no a los terrenos de la expansión democrática, incluyente, programático y acorde con el nuevo ecosistema: paradigma naciente que está a punto de estrellarnos en nuestra cara y del cual hablare en otra ocasión. De no plantearse de esta forma, lamento decir que no hay, ni habrá proyecto que fundamente a la 4T. Es importante la implicación humanitaria de tener en mente el “primero los pobres”, pero tan solo con programas sociales no se podrá llevar a cabo una transformación como la que requiere este sector, debe existir, para las clases desprotegidas de la nación, garantía de autonomía, cultura y herramientas que –como dicen los mismo políticos–  tengan “dientes” para defender sus puntos de vista y juicios ante cualquier panorama de la vida publica nacional. Por lo que exigir y disputar de frente ante el gobierno obradorista, será una buena forma de salir del confinamiento he ir a discutir o, abrir el diálogo 

–si es preciso–, con la consigna en mente de defender, proponer y abonar al nuevo proyecto de cultura donde quepan todos, antes de discutir como o de que forma se dispersará o se manejaran las becas y los apoyos de la supuesta nueva entidad que sustituirá al FONCA.

 

 

 

Dos Propuestas

 

En lo tocante a los nuevos modelos de apoyos a creadores, mis propuestas son dos. Las expongo a grandes rasgos: ir por una Renta Básica de Creadores para todos los trabajadores de la cultura autónomos que tengan la forma de comprobar antigüedad y trabajo. Esta podría tener jerarquías que sean dadas por la antigüedad en su labor comprobado; jóvenes, pre-máster y máster, podrían ser los tres rangos a existir y, con ello, la distinción en los montos económico entre apoyo y apoyo, de esta forma se estaría asegurando una base mínima de subsistencia para el trabajador cultural y, lo extra que obtenga dependa completamente de su talento creativo o empresarial. Una segunda propuesta es que el creador o grupos de creadores, puedan conformarse como Organismos Donatarios Autorizados a Mecenazgo, esto es: que al contrario de como se maneja actualmente la figura jurídica de la Donataria Autorizada, los donativos conseguidos por el artista o el grupo de artistas, vaya directa y específicamente para dar sustento económico a los proyectos particulares o del grupo conformado con posibilidad de dar facturas deducibles de impuestos a los donantes. Con el fin de controlar el monto de los donativos, el SAT podría establecer un máximo estimable anual por artista o grupo de artistas. 

 

Los electricistas del año de 1936 consiguieron el laudo laboral a su favor, lo cual les permitió tener un Contrato Colectivo más acorde con sus necesidades y equilibrio entre las partes. Construyeron un edificio ex profeso para sus oficinas en el que incluyeron auditorio equipado para representaciones teatrales, musicales y proyección de cine, en el año de 1939 fundan, en el citado auditorio,  El Teatro de las Artes, el que fue dirigido en el área de música por Silvestre Revueltas, Carlos Blas Galindo y Rodolfo Halffter, en teatro Sakí Sano, en arte Manuel y Lola Álvarez Bravo y Ana Sokoloff, por otra parte, fundaron biblioteca, una editorial (editorial Surco) con imprenta propia, en la que se editaban e imprimían libros; la distribución y ganancias eran libres para el autor. Patrocinaban, dentro de su auditorio, obras de teatro, conciertos musicales, de danza y exposición de arte visual, todo ello es muestra palpable de que no solamente a costa del Estado se pueden hacer las cosas, sino que bajo estructuras autónomas, sin injerencia de capitales privados y no “oficialistas”, se puede pensar y generar cultura coherente con las necesidades o visión estética de sector sociedad del cual emane. Los juicios segmentarios y elitistas serian necios y proclives a quedar excluidos en cuanto la configuración de los actores culturales sea incluyente, equilibradamente democrática y de libre debate en cuanto al contenido a seleccionar, no solo en los apoyos o becas, también en la programación en todos y cada uno de los espacios culturales existentes pertenecientes al estado mexicano.  

 

El proyecto del Teatro de las Artes muy pronto se vio frenado. Recordemos que al final del supuesto sexenio obrerista de Cárdenas, este mandata se reforme el PNR por el PRM, abriendo engañosamente las puertas a los sindicatos y corporativos campesinos y populares a escala nacional, para formar parte de él. Hoy esto lo conocemos como corporativismo, herramienta nefasta que causo grandes males y estragos de desarrollo en contra de la clase trabajadora y campesina hasta hoy en día. El SME, a pesar de ser una organización obrera democrática e independiente, fue desmembrada –en cuanto a sus liderazgos se refiere– y forzada ha ser parte del corporativismo obrero cardenista con ayuda de Lombardo Toledano, dirigente de la CTM y, por miembros infiltrados en el SME pertenecientes al Partido Comunista Mexicano, los que habían comprado la ilusión de que Cárdenas impulsaría su tan anhelada ‘Unidad a Toda Costa´, puerta definitoria, según estos, al comunismo en México. Tanto su autonomía como el proyecto del Teatro de las Artes se vio deformado y muy pronto cerrado. Fue hasta después de diez años que los mismo sindicalistas rompieron con la atadura del partido en el poder y recondujeron su independencia y democracia interna. He aquí la importancia en defender y exigir garantice el Estado la autonomía y democracia interna de todo organismo independiente.

 

Hace ya unos años platicaba con un buen amigo escritor de lo que podía desencadenar que, como en años anteriores en México, no existiera un órgano gubernamental que ayudara, becara o apoyara a los creadores. En esa ocasión los dos llegamos a una conclusión constatada por la misma historia del arte, que: “solo los más testarudos, ingeniosos por buscarse los medios hasta en las facetas más ordinarias, pero por ordinarias más vividas y, sobretodo, los personajes que guardan una pulsión incontenible por la creación, serían los que continuarían desempeñándose en las actividades propias del arte. Comprendiendo que la actividad creativa siempre va más allá de la fama o el confort, más allá de lo que yo llamo ‘el síndrome Picasso’. Cumplir con la necesidad intrínseca al ser humano ya es trascendente. Lo anterior no invalida la lucha que desde varios frentes y posturas (todas validas), actualmente se están dando. Tal vez de ello emane el fundamento de mis dos propuestas.

 

 

 

Una aclaración pertinente: en la actualidad el Sindicato Mexicano de Electricistas vive un bache que inicio con el decreto calderonista cuando decide echar a la calle a más de cuarenta y cinco mil trabajadores. Los trabajadores pertenecientes al SME, han dado una lucha ejemplar por que se les restablezca su trabajo y garantías laborales. En un lapso infame de esta larga lucha –de más de diez años–, la dirección del SME fue comprada por el gobierno de Peña Nieto en contubernio con una empresa portuguesa llamada Mota Engil, de tal forma que los lideres sindicales dejaron a la deriva a los sindicalistas a cambio de la obtención de una sobre-liquidación, un salario y la participación, como socio de dicha empresa, de su dirigente sindical. Actualmente existe un movimiento vivo de más de cuarenta mil trabajadores que, en las próximas elecciones del gremio buscaran, de forma pacifica y democrática, derrocar a la dirigencia que los dejo varados. Para decirlo claramente ¡La actual dirección del SME es absolutamente contraria al momento histórico que cuento arriba! ir por la renovación de su dirigencia será una tarea ardua que, de lograrlo, seguramente abonará a la cultura del trabajador en el país.

 

** César Sánchez, Ciudad de México. Estudia la licenciatura en filosofía y artes visuales. Desde el año de 1987 es miembro del Sindicato Mexicano de Electricistas, donde colaboro en la secretaría de educación y propaganda de 2004 a 2006; para la secretaria del interior de 2006 a 2009 y crea en 2007 el Archivo Histórico del SME donde se desempeño como coordinador general. De 2000 a 2007 publica ensayos políticos, de estética y cultura general, para revistas y diarios nacionales. Sus obras visuales han sido seleccionadas en el Concurso Nacional de Arte Joven, México 1994 y 1995; VII Bienal Internacional Femsa, Monterrey, N.L., México 2005. Obtiene la mención honorífica en la XI Bienal Rufino Tamayo en el 2002. Es fundador y director, de 2001 a 2014 de SR-30 arte y literatura A. C., lugar donde ha coordinado y realizado, a lo largo de más de diez años, guiones museográficos, proyectos de investigación y ensayos estéticos de arte moderno, muralismo mexicano, estética de la clase trabajadora, como contemporáneo. En 2003 es becado por el Fonca-Conaculta, por Trilogía, tres investigaciones, curaduría y textos sobre arte contemporáneo. En junio de 2009 fue comisario de la exposición basada en su investigación Retrato de la burguesía, disección de un mural, en el Museo de la Ciudad de México. Algunas de sus investigaciones han sido publicadas por la Universidad de Valencia, el Ministerio de Cultura del Gobierno Español y la UNAM; compilaciones monográficas que comparte edición al lado de investigadores como Jaime Brihuega, Albert Forment y Miguel Cabañas Bravo. En 2010 editan su libro El poder del Estado mexicano contra los electricistas y en 2018 se publica su primer novel intitulada Contemporal, la vida como soporte.

 

E-mail: cessandez@gmail.com